Pocas veces vi una fiesta tan aburrida. De nuevo el pueblo es convocado a las urnas para ejercer su teórico derecho a la soberanía, reducido a posteriori al honor más que dudoso de elegir a aquellos oligarcas que hagan de nuestro sudor, su beneficio. Del mismo modo convierten sus palabras en nuestro descrédito, como alquimistas de la desazón y la mentira que demuestran ser. Así pues, la baja participación de la que se hacen eco los medios de comunicación no me sorprende en modo alguno.
La fiesta de la democracia
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